jueves, 7 de mayo de 2015

Arte y prevención de violencias

Arte y prevención de violencia



En los últimos años hemos visto como muchas organizaciones culturales y gremios de artistas han redirigido sus programas de práctica y enseñanza del arte hacia la contribución en  prevención de la violencia en El Salvador.  

Y es que el deporte, la cultura y las artes han sido reconocidos a nivel internacional como herramientas efectivas en la prevención y contención de la violencia en todas sus formas, principalmente para poblaciones jóvenes en situación vulnerable y de riesgo social. Esta relación es producto de la naturaleza de estas actividades que bien orientadas pueden fortalecer  actitudes y habilidades necesarias para la construcción de una cultura de paz, como autoestima, comunicación, resolución de conflictos, trabajo en equipo, ética y socialización.

Sin embargo, el aprendizaje de las artes por sí misma no conduce al desarrollo de estas habilidades sociales. Es necesaria una intervención formal por parte de los actores involucrados que canalicen los anti valores que puede generar la misma práctica artística, hacia las prácticas cooperativas y solidarias necesarias para una cultura de paz. Esto requiere en primer lugar que nuestras organizaciones y nuestros instructores e instructoras de arte sean sensibilizados y formados en diferentes temáticas de cultura de paz  y  de procesos de actualización en dinámicas lúdicas, pedagógicas  y constructivas para una intervención con resultados efectivos.


Si bien es cierto que la prevención no es función del arte, también es cierto que los artistas son ciudadanos y ciudadanas del mundo en que viven. Por ello si trabajamos con esta modalidad de programas, recordemos que estos deben ir más allá de la técnica del oficio y estimular la expresión libre y creativa de sus emociones, sentimientos e ideas, así como de sus visiones, demandas y propuestas colectivas e interpretativas de su relación con la realidad. El arte es una plataforma experimental de formación alternativa y lúdica para que nuestras y nuestros jóvenes se formen creativamente y puedan contribuir en la resolución de conflictos y la construcción de una cultura de paz.


Esto nos lleva a entender que no podemos vincular el arte y prevención de la violencia de manera percé, sino incluimos el desarrollo de habilidades expresivas y sociales de convivencia pacífica.  De lo contrario nuestra intención corre el riesgo de convertirse simplemente en otro taller para el aprendizaje del arte, donde si bien es cierto es mejor una guitarra que un fusil, o un artista a un soldado, hemos de aceptar que para generar un verdadero cambio no es suficiente.

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